| | | 
El origen de las fallas parece ligado a la celebración pagana del equinoccio de primavera. Se cuenta que antiguamente los artesanos durante la temporada invernal, trabajaban las últimas horas de la jornada a la luz de los candiles, que suspendían de un artefacto llamado Parot, semejante a un largo candelabro con varios brazos de troncos o tabla de madera. Al llegar la primavera, como celebración del buen tiempo y de que las más largas tardes inutilizaban los "Parots", se quemaban a la puerta de su casa en la víspera de San José. Lógicamente serían los carpinteros los que iniciaron la costumbre. Se sabe que desde 1.497 los carpinteros celebraban con honor la fiesta de su Santo Patrono y que en un curioso documento de finales del Siglo XV se hace referencia a "lo día que els fusters (carpinteros) cremen lo estay (palo)" Más tarde el parot se vestiría con prendas viejas, cual espantapájaro y en la hoguera, se añadiría algún trasto viejo. Después el Parot vestido fue adquiriendo rasgos humanos representando a algún personaje popular del barrio. Surgía así el Ninot (muñeco), elemento fundamental de las fallas, que con el tiempo ya no aparecería aislado, sino agrupado con otras figuras.
Otro importante avance fue la aparición del "asunto" o "tema", generalmente de índole satírica o crítica, expresado humorísticamente, aunque sin faltar la evocación histórica o el plasmar aspectos de la vida cotidiana. Lo rudimentario de estas representaciones obligó a la publicación de un llibret en versos valencianos que explicase su sentido. Con la colocación de las figuras en un pedestal que se produjo en el Siglo XVIII, podía darse por finalizado el proceso. El nombre de falla no se dio en un principio al catafalco con "ninots", sino al fuego. Carrers Zacarés halló una cita sobre las fallas dedicadas a San Vicente: en 1.596 fueron pagadas a Pedro Torralba: 74 libras, un sueldo y 6 dineros posibles graelles" donde se quemaban "les falles que fan en la festa del Gloriós Sant Vicent Ferrer". Las fallas dedicadas a San José, alcanzarían el aplauso del vecindario, especialmente modesto, y la repulsa de la alta burguesía y los puritanos, así José Ombuena en su libro "Las Fallas de Valencia", transcribe la queja de un devoto aparecía en el "Diario de Valencia" en 1.792, a la que en el mismo periódico le replicaba el Padre "Traggia": "Sobrada razón tienes de buen cristiano para llenarte de tristeza cuando notas en nuestras calles y plazas, tantas piras cuantas son los figurones que en estos días se presentan ridículamente vestidos, entreteniendo la mayor parte del pueblo con sumo olvido de sus obligaciones y con perdida notable de jornales". Pocos años después, en 1.808 el francés Alexandre de Laborde conocería las fallas de Valencia y las describiría en su libro "Itineraire descriptif de la Espagne" de la siguiente forma: "todos los años el 18 de Marzo, víspera de la fiesta de San José, los ebanistas y carpinteros realizan en las calles, cada uno ante la puerta de su tienda, representaciones verdaderamente teatrales, son estas figuras de tamaño natural, cubiertas por vestidos del carácter que se les quiera representar. Consisten en armazones de madera muy ligera, una máscara forma su rostro, sus vestidos, peinados y adornos son de papel, a menudo ejecutados con mucha destreza. Estas figuras están colocadas sobre una gran pira que está oculta, rodeada hasta su altura por un espeso cerco de falsos adornos artísticamente colocados" ... Menciona que se veían escenas muy bonitas y puntualiza: " al llegar la noche se les prende fuego; en un instante la representación desaparece en medio de las llamas. A éstas representaciones se las llama Fallas de San José ..." La importancia de la fiesta la describe así: "El pueblo se apresura, las personas de posición mas elevada se mezclan con el pueblo, acude gente de todas partes y se olvidan todos los asuntos por importantes que sean". Quizá ya entonces se adornaban las fallas con toda serie de símbolos eróticos, vinculadísimos a los productos hortícolas, además de extender la crítica del vecindario a la de los gobernantes. Tal vez ésta fuera la razón de su prohibición en 1.851 por el Alcalde de Valencia el Barón de Santa Bárbara. En 1.883 el Ayuntamiento estableció un impuesto de 30 pesetas por falla y sólo se plantaron cuatro. En 1.885 el arbitrio se aumentó a 60 pesetas y sólo ardió una. En 1.886 la ciudad se quedó sin fiestas, como viva protesta de los falleros, por lo que el Municipio rebajó el impuesto a diez pesetas y se plantaron veintinueve. El primer Llibret fue escrito por Renat y Baldoví en 1.855.
La crítica y el eco burlesco, principal finalidad de las fallas, se armonizaron con el arte a finales del s. XIX, comenzando a buscarse la perfección plástica y la armonía del colorido. Pintores y escultores intervinieron en su realización. Poco después se creaba toda una escuela dedicada a las fallas que fue encabezada por Antonio Cortina, Andrés Cabrelles y Regino Más y las fallas fueron ganando complejidad hasta convertirse en verdaderos monumentos. A su lado nacía toda una industria: la del gremio de artistas falleros.
Como fiesta participativa ciudadana, no puede ni aun queriendo, ninguna persona que venga a Valencia quedarse al margen de la misma. Sus monumentos están ahí en la calle. Los pasacalles, la recogida de premios, la ofrenda, las mascletás, los castillos, los tablados con música también están ahí, en la calle. Las paradas de buñuelos las encuentras en cada esquina y el bullicio de la ciudad te absorbe, de esa ciudad que te recibe con los brazos abiertos para sumarte a su fiesta.
LAS FALLAS EN LA ACTUALIDAD Es ésta una fiesta que nace en Valencia y desde ella se extiende a sus pueblos mas próximos y a otros pueblos mas alejados de la Comunidad. Las Fallas son la manifestación de un arte inigualable, son la visión satírica y mordaz de los problemas mundiales, nacionales, provinciales y locales. Son monumentos formados por una o varias figuras gigantescas, rodeadas por grupos de figuras más pequeñas (ninots), las cuales pueden alcanzar más de veinte metros de altura, convirtiéndose en el eje central del monumento y representativo del tema de la falla, el cual se explica en las escenas que la rodean siempre de una forma divertida y crítica, pues los falleros arremeten contra todo y contra todos, pero siempre divirtiéndose. Durante cuatro días y cuatro noches permanecen plantados en numerosas calles y plazas los monumentos de cartón, burla plástica y escandalosa, proferida con tanto arte como desenfado. Esta es la manera de recibir el comienzo de la primavera, con explosión y fuego (que es lo que significa la palabra falla), alargándose hasta el último día, el 19 de marzo, día de San José, en el cual se queman en impresionantes hogueras, reminiscencias de un rito ancestral; la ciudad arde por sus cuatro costados. Pero mucho antes, todos los años, desde el mes de febrero, Valencia empieza su fiesta con la exposición del Ninot y la "Crida", acto el cual es el inicio oficial de la fiesta y que se podría comparar con el pregón, siendo el primero que sirve de excusa para que los falleros lo pasen bien e iniciar la fiesta, juntándose todos frente a las Torres de Serranos de Valencia, cada comisión con su estandarte, a la espera del discurso de la Fallera Mayor de Valencia. Al mes siguiente, las cabalgatas o el Cant de la Estoreta, entre otros muchos actos, dan el comienzo a los días más importantes de la fiesta de las Fallas.
Previamente a esto, cada falla elige una Fallera Mayor de entre sus falleras que forman la corte de honor. Y presentan asimismo terminado el ejercicio a una de sus falleras, no necesariamente su fallera mayor al concurso de elección de las trece mujeres valencianas que constituirán la corte de honor y la Fallera Mayor de Valencia.
Las fallas infantiles siguen el mismo proceso. Durante años la fallera mayor de Valencia fue elegida por el Alcalde, Presidente nato de la Junta Central Fallera, encargado de coordinar a las distintas comisiones falleras, y la elección solía recaer en mujeres pertenecientes a las familias más representativas. Aunque en el año 1.961 se eligió como fallera mayor infantil de Valencia a la niña Lolita Alfonso Sánchez, huérfana de la Casa de Beneficencia, modalidad ésta que no se había producido antes. Hoy la elección de las Falleras Mayores de Valencia sigue un sistema democrático entre las seleccionadas. Su presentación, realizada después de su proclamación por la Alcaldesa en el Hemiciclo del Ayuntamiento, es un acto solemne y participativo de todas las fallas y de la sociedad valenciana, realizado durante muchos años en el Teatro Principal y actualmente en el Palau de la Música.
Podemos decir, que cada esquina tiene su falla y su comisión fallera. En los casales (lugar de reunión de los falleros) no se duerme, la fiesta continua durante los cinco días. La fiesta está en la calle, a mediodía cada falla dispara su mascletá, armonía de ruido y olor a pólvora. Es una especialidad pirotécnica compuesta por una serie de petardos con cierta potencia que se disparan continuamente con la finalidad de producir mucho ruido. Por las noches un castillo de fuegos artificiales ilumina el cielo de Valencia, al que acuden miles de personas a contemplarlo.
Otro de los grandes actos, es la ofrenda de flores a la patrona, la Virgen de los Desamparados, que, en dos días consecutivos, cubre de flores el gran esqueleto de madera de su imagen dándole forma, el desnudo tapiz situado sobre su Basílica y toda la Plaza queda cubierta de canastillas, cestas, ramos y tapices florales. Miles de falleros y falleras acuden a la plaza de la Virgen a ofrecer sus flores a la patrona de Valencia, desde las cuatro de la tarde y hasta bien pasadas las doce de la noche, los días 18 y 19 de marzo, todas las comisiones falleras desfilan con sus trajes típicos y acompañadas cada una con su banda de música, hacia una reproducción enorme de la Virgen de los Desamparados situada frente a la Basílica.
La noche del día 19 llega el acto de la cremá, acto en el cual un monumento fallero que ha costado mucho dinero y esfuerzo por parte de la comisión, se prende fuego y se convierte en cenizas. Previamente se salva del fuego el Ninot Indultat, elegido por votación popular, y a las diez de la noche, las fallas infantiles serán las primeras en arder. A las doce, precedidas del ritual castillo, se prende fuego a las fallas grandes convirtiéndose toda la ciudad se convierte en una gran hoguera. A las doce y media se quema la falla del primer premio y a la una de la madrugada la de la Plaza del Ayuntamiento, dando así por terminada una fiesta que aún se prolongará hasta altas horas de la mañana.
Al día siguiente, tan sólo las marcas sobre el asfalto nos indican el lugar sobre el que estuvo plantada una falla. La cremá es un gran momento en la fiesta de las Fallas, pero también muy triste, ya que marca el final de la fiesta, aunque con cierta esperanza, ya que es el inicio de un nuevo año fallero.
| |
Eso eso a tener cuidad...
Me gustaria recibir co...
OoOoOoO, que xiquet me...
Hay varias de estas en...
¿Que es curioso? Que ...
Hola soy Alba, muchas...
Tod@s l@s juve...
darle la enhorabuena a...